La relación entre el Espíritu Santo, María y el sacerdote.

La relación entre el Espíritu Santo y María es uno de los fundamentos más ricos de la espiritualidad mariana y sacerdotal. Comprender esa conexión permite profundizar en el misterio de la Virgen como Esposa del Espíritu y modelo de toda vida consagrada.
Si redescubrimos la dimensión del Espíritu Santo en la vida de María, ella aparecerá como aquella que fue tomada por el Espírito para concebir a Cristo de manera virginal y realizar el «nuevo corazón» profetizado por los mensajeros divinos (Ez 36,26).
Con María, se inicia una nueva creación, pues finalmente, en el momento de la Anunciación, pasamos del antiguo régimen de la Ley de Moisés al nuevo régimen de la gracia. María, como «hallada graciosa delante de Dios» (1 Tim 4,14), supera la dureza del corazón de Israel, incapaz de decir sí a Dios, pero que en María pronuncia un sí total en el Espíritu que anticipa en ella el Pentecostés.
Esa relación con el Espíritu fundamenta el concepto de sacerdocio, que es una consagración en el Espírito. Por eso, existe la gracia que viene por la imposición de las manos y convierte al sacerdocio en algo menos una institución y más un carisma:
1. 1 Tim 4,14: «No descuides el carisma que está en vosotros, que os fue dado por profecía, cuando la asamblea de los ancianos impuso las manos sobre vosotros.»
2. 2 Tim 1,6: «Por eso, te exhorto a revivir la llama del don de Dios que recibiste por la imposición de mis manos.»
3. 2 Tim 2,11: «He aquí una verdad absolutamente cierta: Si morimos con él, con él viviremos.»
La institución puede volverse fosilizada en estructuras que no responden, no son servicio, autosuficientes, no anuncian y no comunican, pero el Espírito Santo, que la funda, no puede ser aprisionado. Así, «cuando los hijos de Abrahán se callan, las piedras gritan» (Sal 118,20).
La participación en la exousia, es decir, en el poder espiritual de Cristo, del cual los sacerdotes son ministros, orienta su vida hacia la reconciliación escatológica. Esto transformará al sacerdote no en funcionario, sino si está en sintonía con el Espíritu y vive el sacerdocio como María vivió su maternidad neumática (en el Espíritu Santo y como obra del Espírito), entonces el sacerdocio es neumático.
El sacerdote es como una nave en el océano de la existencia, lista para moverse según el soplo del Espírito. Ese soplo en el sacerdocio debe estar unido a la santidad. Resucitar la gracia de Dios transmitida con la imposición de las manos es vivir según el Espírito y, al mismo tiempo, construir la nueva humanidad.
Aquí surge el problema político que tanto ha inquietado las conciencias: la tarea del sacerdote no es función directiva ni oficio político, sino asumir una línea de acción clara para defender los derechos humanos fundamentales y promover la causa de la justicia y de la paz. El sacerdote debe dedicarse a eso, si vive el sacerdocio en el Espíritu, en vista de la construcción de una nueva humanidad.
A la luz del paradigma de la Virgen, encontramos la deseada renovación de la espiritualidad sacerdotal. El sacerdote, consciente del valor de la presencia de María en el culto de la Iglesia, seguirá el ritmo de su vida como María, aprendiendo las actitudes mariológicas fundamentales:
– La ministerialidad es servicio y no dominio.
– La vocación, elección, misión y peregrinación de María son modelos del sacerdocio.
– Los sacerdotes no son solamente ministros de Cristo, presidentes de la asamblea, maestros del pueblo de Dios, sino que también son como los demás fieles: discípulos del Señor, hermanos entre hermanos, servidores de los hombres.
– No son un obstáculo a la unión inmediata con Cristo, sino promotores, al igual que María, de la presencia de Dios en la historia (Bodas de Caná).
Esos puntos, al ser destacados, crecerán en un clima de oración y diálogo con María, para que exista una renovación que es heredera de las tradiciones y promueve formas nuevas de vivir el mismo misterio. El contacto con la Madre de Jesús es el contacto con una persona viva, siempre dispuesta a intervenir junto a su Hijo, para que se realice en la Iglesia un sacerdocio animado por el Espíritu para el servicio de Dios y de los hombres por nuestra salvación.
Para profundizar la relación entre María, el Espírito Santo y el sacerdocio, consulte la Encíclica «Redemptoris Mater» de Juan Pablo II, sobre María en la vida de la Iglesia. Explore también Mariología, Teología Mariana, Apariciones Marianas y la Posgrado en Mariología.
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