¿Quiénes son los hermanos de Jesús en la Biblia? Las tres explicaciones y las fuentes
Los «hermanos de Jesús» de la Biblia son cuatro hombres nombrados en Mateo 13,55 – Santiago, José, Simón y Judas – además de hermanas no nombradas. Ningún texto del Nuevo Testamento los llama hijos de María. Desde el siglo IV, tres explicaciones disputan el pasaje: eran primos o parientes cercanos, eran hijos de un matrimonio anterior de José, o eran hijos de María, esta última rechazada por la Iglesia.
La cuestión no es de curiosidad genealógica. De ella depende la lectura de la virginidad perpetua de María, y por eso atraviesa dieciséis siglos de exégesis, con un vocabulario técnico propio y una bibliografía científica que sigue activa. Este artículo presenta lo que dicen las fuentes, y dónde divergen entre sí.
El problema empieza en una palabra: adelphós y el hebreo ah
El nudo filológico es conocido. El griego del Nuevo Testamento usa adelphós (ἀδελφός) para designar al hermano, pero ese griego traduce un sustrato semita en el que el término tiene un alcance mucho más amplio. Áurea Silva dos Santos, en El papel de la Virgen María en la economía de la salvación (2024), recoge la formulación del mariólogo Aleixo Maria Autran (1992, p. 37): «El término adelphós (hermano) en griego bíblico corresponde al vocablo hebreo Ah, que significa tanto hermano carnal como pariente consanguíneo. […] Aunque esos «hermanos» aparezcan junto con María, en ningún lugar se dice que fueran «hijos de María».»
El hebreo אָח (ah) cubre, en efecto, al hermano de sangre, al primo, al sobrino, al tío y al miembro del clan. Santos concluye de ahí que, en el contexto bíblico, la palabra hermano designa también a un primo, un sobrino, un tío o cualquier pariente. Conviene subrayar el segundo miembro del argumento de Autran, que es el más fuerte y el menos citado: la ausencia. En ningún lugar del Nuevo Testamento se lee que esos hombres fueran hijos de María, aunque ella aparezca mencionada junto a ellos.
La prueba textual: Marcos 15,40 y la otra María
El argumento decisivo no es filológico, es prosopográfico, y viene de una comparación de listas. Geraldo Morujão, en un estudio publicado por la Pontificia Academia Mariana Internacional en el volumen María, la Madre del Señor, en el misterio de la salvación, sostiene que la referencia a los hermanos de Jesús ni siquiera exige recurrir a lo que él llama un subterfugio, porque se trataba de primos, y el propio Evangelio ofrece la prueba.
La prueba es esta: Santiago y José, los dos primeros nombres de la lista de Mateo 13,55, son presentados en Marcos 15,40 como hijos de otra María, distinta de la Madre de Jesús. Y, observa Morujão, esos dos nombres aparecen siempre a la cabeza de las listas de los hermanos de Jesús. Quien encabeza la lista de los «hermanos» tiene, en el mismo Evangelio, otra madre identificada por su nombre.
Nótese la diferencia de método entre los dos enfoques. Autran argumenta desde la semántica del término, Morujão desde el cruce de dos perícopas. Ambos convergen, pero no son el mismo argumento, y el segundo es inmune a la objeción habitual de que la amplitud semántica de adelphós sería una conveniencia apologética. Sobre la relación entre estos textos y la presencia de María en los evangelios, véase si María casi no existe en la Biblia.
Las tres explicaciones en confrontación
Del siglo IV en adelante compiten tres soluciones, y es importante no armonizarlas en silencio, porque sus defensores las consideraban incompatibles.
Primera, la de Helvidio: eran hijos de María. Áurea Silva dos Santos sitúa a Helvidio (390) en un contexto polémico preciso. Escribía para refutar las tesis maniqueas, que atestiguaban la iniquidad intrínseca al matrimonio, y usó los textos evangélicos sobre los hermanos de Jesús para proponer a la Virgen María como modelo de las madres de familias numerosas. Contra él, escribe la misma autora, san Ambrosio (397), san Jerónimo (420) y san Agustín (430) se pusieron en defensa de la virginidad perpetua.
Segunda, la del Protoevangelio de Santiago: eran hijos de José. João Marcos de Oliveira Silva, en ¿Bendita entre las mujeres? La incómoda relación entre asambleístas y María de Nazaret (2019), describe esta posición y su supervivencia: la creencia de los ortodoxos sobre los hermanos de Jesús es herencia del Protoevangelio, según el cual José era un viudo que ya tenía hijos antes de comprometerse con María, de modo que los hermanos de Jesús serían hijos de José, no de María.
Tercera, la de Jerónimo: eran primos. El mismo autor registra que Jerónimo rechazó la explicación del Protoevangelio, y por una razón de fondo: para él, no solo María había permanecido virgen toda la vida, sino también José. Jerónimo argumentaba, en la obra La virginidad perpetua de María, contra Helvidio, que en la «Sagrada Escritura hay cuatro especies de hermanos: por la naturaleza, por la raza, por el parentesco y por el amor» (n. 16). Los hermanos de Jesús serían, así, no hermanos de hecho, sino primos o parientes.
La divergencia es real y merece ser nombrada. La tradición oriental y el Protoevangelio responden con los hijos de José, Jerónimo responde con los primos, y ambas respuestas se excluyen mutuamente en cuanto al estado de José. Silva añade un dato histórico relevante: la condena del Protoevangelio por Jerónimo, y luego la condena explícita del libro en el Decretum Gelasianum, compuesto en el siglo VI, frenó la popularidad de la obra en Occidente, sin impedir que parte de su contenido permaneciera en las creencias tradicionales. Sobre el valor de estos escritos antiguos, véase las fuentes históricas sobre María, Biblia y apócrifos.
Lo que respondieron los teólogos del siglo XVI
Vale la pena escuchar a un teólogo que no es devocional y que escribe ya en pleno debate con la Reforma. Melchor Cano, profesor en Salamanca y teólogo imperial en el Concilio de Trento, autor de De locis theologicis, formula el estado de la cuestión con una honestidad metodológica notable: «Ningún autor aprobado afirma haber visto y haber sabido de testimonios atendibles que existiera otra esposa de José además de María. Pero como se lee en los Evangelios que existían los hermanos del señor y la fe prohíbe sospechar que se tratara de hijos de María, los comentadores de la Escritura tuvieron que conjeturar para explicar la situación de modo que la verdad del Evangelio concordase con la perpetua Virginidad de María.»
Cano dice, por tanto, tres cosas a la vez. Que no hay testimonio documental de una esposa anterior de José. Que la fe excluye la hipótesis de hijos de María. Y que la explicación de la identidad de esos hermanos es conjetura de comentadores, no dato revelado. Es una distinción de grados de certeza que raramente se encuentra en tratamientos populares del tema.
Marcos 3,31-35: la escena más citada y la peor leída
La perícopa que trae a los hermanos a escena es Marcos 3,31-35, citada por Áurea Silva dos Santos: «Llegaron entonces su Madre y sus hermanos y, quedándose fuera, mandaron llamarlo. Había una multitud sentada en torno a Él. Le dijeron: Mira que tu Madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan. Él preguntó: ¿Quién es mi Madre y mis hermanos? Y, recorriendo con la mirada a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. Quien haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano, hermana y madre.»
La autora comenta que san Marcos presenta una imagen de María maternalmente solícita por el Hijo y que Jesús define allí su familia escatológica «sin excluir su familia física», remitiendo a Mc 10,29-30. Silva, del lado protestante, lee la misma escena a partir del v. 21, donde los familiares son mencionados de forma genérica, y señala una divergencia de traducción que cambia el tono del episodio: donde algunas versiones dicen que Jesús «está fuera de sí», la Biblia de Jerusalén trae «Enloqueció».
Dos lecturas confesionales, el mismo texto griego, y un punto en que ambas coinciden: la escena no dice que aquellos hombres fueran hijos de María. El contexto familiar más amplio aparece también en María, José y Jesús en el templo y en la designación de Jesús como el hijo del carpintero, que es precisamente el versículo donde aparecen los cuatro nombres.
Estado de la cuestión: una controversia académica aún abierta
Sería falso presentar el asunto como cerrado desde Jerónimo. Carlos Ignacio González, en María, evangelizada y evangelizadora (1988), recoge una bibliografía especializada que muestra lo contrario, con títulos como el de G. Rocca, «La perpetua verginità di Maria nella discussione teologica cattolica degli ultimi anni. Questioni di metodo», en Ephemerides Mariologicae 27 (1977), pp. 177-214, y el de F. de P. Sola, «La virginidad perpetua de María y sus modernas interpretaciones», en Estudios Marianos 42 (1978), pp. 93-112. La propia existencia de artículos sobre cuestiones de método indica un debate vivo.
La misma obra de Áurea Silva dos Santos recuerda, apoyándose en René Laurentin (1965), que la virginidad en el parto fue ilustrada en medio de controversias hasta el punto de dejar vacilante al propio Jerónimo, y que la virginidad después del parto fue inicialmente deducida en medio de contradicciones, siendo ignorada por Tertuliano y por autores que siguieron su pensamiento. Del lado oriental, Sergei Bulgakov explica la virginidad perpetua como recuperación de las facultades de los progenitores antes de la caída, es decir, la capacidad de engendrar o concebir de manera espiritual y suprasexual. Son marcos muy distintos para la misma verdad de fe.
La respuesta a la pregunta inicial, por tanto, puede darse con firmeza en lo esencial y con prudencia en el detalle. Los hermanos de Jesús son parientes cercanos, y Marcos 15,40 identifica por su nombre a la madre de los dos primeros de la lista. Cuál sea exactamente el grado de parentesco de cada uno es, como reconocía Melchor Cano, conjetura de comentadores.
Preguntas frecuentes
¿Quiénes son los hermanos de Jesús en la Biblia?
Mateo 13,55 nombra a cuatro: Santiago, José, Simón y Judas, y menciona hermanas sin nombrarlas. El Nuevo Testamento nunca los llama hijos de María. Marcos 15,40 presenta a Santiago y José como hijos de otra María, distinta de la Madre de Jesús.
¿Tuvo Jesús hermanos de sangre?
La fe católica excluye esa hipótesis, y el propio texto no la afirma. Como observa Melchor Cano, la fe prohíbe sospechar que se tratara de hijos de María. El término griego adelphós traduce el hebreo ah, que designa también primo, sobrino, tío y pariente en general.
¿Qué significa la palabra adelphós en el Nuevo Testamento?
Según el mariólogo Aleixo Maria Autran, citado por Áurea Silva dos Santos, adelphós en griego bíblico corresponde al hebreo ah, que significa tanto hermano carnal como pariente consanguíneo. La amplitud semántica no es una lectura posterior, es característica del sustrato semita del texto.
¿Eran los hermanos de Jesús hijos de san José de un primer matrimonio?
Esa es la explicación del Protoevangelio de Santiago, seguida por la tradición oriental, según la cual José era viudo y ya tenía hijos. San Jerónimo rechazó esa solución, porque sostenía la virginidad también de José, y propuso en su lugar que fueran primos. Ambas explicaciones son incompatibles entre sí.
¿Quién fue Helvidio y por qué la Iglesia lo rechazó?
Helvidio, escritor de finales del siglo IV, usó los textos sobre los hermanos de Jesús para proponer a María como modelo de las madres de familias numerosas, en el contexto de una polémica contra el maniqueísmo. San Ambrosio, san Jerónimo y san Agustín respondieron en defensa de la virginidad perpetua, y el tratado de Jerónimo contra él sigue siendo el texto de referencia.
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Este artículo nace de las obras de la biblioteca de Locus Mariologicus. El Posgrado en Mariología le lleva a la misma fuente, con acompañamiento académico: Escritura, Padres de la Iglesia y Magisterio, del primer dogma a las cuestiones contemporáneas.
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