Una discípula que cree invita a escuchar la palabra

A discípula que acredita convida a escutar a palavra
María en Caná invita a escuchar la Palabra: es una mujer atenta, observadora, perspicaz, que alerta y orienta. Ella sabe a quién recurrir, demuestra familiaridad con el papel del Hijo y su propio papel. Actuando oportunamente, posee la gracia de la puntualidad. Tiene competencia sobre Cristo, sabiendo pedirle milagros. Conoce a los siervos (los hijos menores) y sabe cómo abordarlos: les pide disponibilidad, confianza, obediencia y apertura al milagro. María exhorta a confiar en el Hijo y en sus palabras:> «Fazei tudo o que ele vos disser» (Jo 2:5).Después de decir a Jesús «No tienen más vino», María recibe una respuesta firme y enigmática de Jesús: «¿Qué hay entre mí y ti, mujer? Todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2:4). Esta respuesta indica una divergencia entre Jesús y su madre, donde uno habla del vino material y la otra de la plena revelación que se manifestará en su debido tiempo. María, acostumbrada a conservar y meditar sobre lo incomprendido, espera pacientemente la plena revelación, que para ella sería el tercer día de la resurrección.María se sitúa entre el tercer día de Caná y el tercer día de la resurrección: vive con confianza este medio tiempo, transmitiendo a los siervos una función de mediación materna, imitando la tarea de mediación realizada por Moisés en el Sinaí. «Haced y dejad hacer» es el testamento de la Virgen Madre: María enseña a Cristo, señalándolo, conduciéndolo y solicitando obediencia, pues como madre ella conoce el acceso al corazón de él sobre todo.Esta es la síntesis profética del consejo de María: «Haced» (la acción a ser emprendida) y «lo que él os diga». María no ofrece soluciones por sí misma, sino que se refiere a Cristo. Ella se aparta de sí para llevar a la obediencia al lo que Cristo dirá. María es maestra porque enseña a Cristo: ella lo señala, lo conduce y pide obediencia.María en Caná, como en toda su existencia, creyó en la ciencia del milagro, manteniéndose alejada del providencialismo que la privaría de responsabilidades. Así, demostró un gran equilibrio entre dinamismos opuestos: por un lado, la certeza motivadora de que Dios lo hace todo; por otro, la conciencia responsable de su colaboración obediente.El primer dinamismo hace que crea que todo se debe a Dios (principio de la humildad). El segundo la lleva a asumir la posición de criatura elegida, pero no exenta de responder personalmente a la gracia divina (principio de la sinergia). María testimonia el equilibrio entre la primacía del señorío de Dios y la obligación de la colaboración humana.Recuperar la práctica de la virtud de la escucha en la experiencia cristiana se vuelve indispensable, bajo pena del fracaso de toda la experiencia de discípulo. El grito de filiación inicia la vida secreta de la gracia en el corazón de los hombres, donde el Espírito mantiene una escuela del Evangelio como maestro interior, exigiendo silencio y escucha.La comunicación silenciosa de Dios resulta en un nuevo silencio como contemplación y respuesta de la fe. Es la experiencia compleja de la fe, que se deja resumir totalmente como aceptación de la Palabra y respuesta a ella, esencialmente una experiencia de silencio.A discípula que acredita educa para a sabedoria a partir da escuta
En la Babel de nuestro tiempo, nadie escucha a nadie. Nadie tiene tiempo para oír al otro, ni siquiera aquellos que aman. En una civilización de ruido y gritos como la nuestra, el espacio para una escucha auténtica es inevitablemente reducido a mínimos. La capacidad de escuchar al prójimo, pero también a uno mismo, queda debilitada, entorpecida y disminuida. Los medios de comunicación de masa contribuyeron a destruir el silencio, además de tornar a los hombres del siglo XX incapaces de una escucha plena y radical.La negativa a escuchar se debe en gran parte a la destrucción del silencio, al torrente de palabras y mensajes banales sin peso e inexpressivos que han producido:– A morte do silêncio. – A narcose intelectual. – A falta de amor pela escuta.Debemos comprometernos a salir del Geena del ruido que aflige y aturde nuestro tiempo, buscando nuevos caminos hacia la ciudad del silencio. El hombre de hoy busca un silencio duradero capaz de tejer toda su existencia, pues un silencio pasajero le incomoda. Para alcanzar poseer el silencio y ser poseído por él, no hay otro camino sino seguir el camino educativo.El silencio opera profundamente en el interior del hombre, creando espacios, enraizándose estructural y de manera inextricable en lo más íntimo del ser humano: defiende, corrige, purifica y nutre. El silencio construye una defensa eficaz alrededor de la vida espiritual, artística y cultural, conteniendo anticuerpos contra ataques virulentos de manifestaciones contagiosas de la vida disipada.En Babel nos salvamos manteniendo el silencio. El silencio crea una cortina de defensa alrededor del espíritu humano, insonorizando el corazón contra presiones que pueden llevarlo a abismos. Para profundizar la reflexión sobre María discípula que escucha y convida a la Palabra, consulte la encíclica Redemptoris Mater de Juan Pablo II, que presenta a María como la fiel perfecta cuya fe convida a toda la Iglesia a la escucha de la Palabra.Explore Mariologia, Teologia mariana, aparições marianas e a Pós-Graduação em Mariologia.Pós-Grado en Mariología
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