Salud de los enfermos: análisis dogmático-litúrgico

Saúde dos enfermos: análise dogmático-litúrgica

Salud de los enfermos: análisis dogmático-litúrgico

La noción de ‘salud’ en la visión cristiana coincide con la de ‘salvación’, pues la salud que pedimos a Dios para salvaguardar o recuperar es al mismo tiempo la salud física, mental y espiritual. El término salvación se usa por lo menos unas 150 veces en el Nuevo Testamento para indicar felicidad, paz, comunión con Dios, salud, liberación y gracia. Dos elementos muy particulares nos servirán de guía en nuestro recorrido: enfermedad y esclavitud.Por lo tanto, cuando hablamos de salvación, estamos hablando del opuesto a la situación humana de siervo y pecador. La salvación del Nuevo Testamento se diferencia del Antiguo Testamento en el sentido de ir más allá de la simple liberación de los enemigos para servir a Dios en santidad y justicia (Lc 1,69.71). La salvación neotestamentaria presenta la remisión de los pecados (Lc 1,77), el nacimiento del agua y del Espíritu (Jn 3,5) que nos hace hijos de Dios (Gal 3,26) y nuevas criaturas (2 Cor 5,17).No concepto global de ‘salud-salvación’, afirmamos que el siervo de YHWH «tomó sobre sí nuestros sufrimientos, tomó sobre sí nuestras dolores» y nosotros «fomos curados por sus heridas». Jesús, en su inmensa misericordia, sanó a muchos enfermos, muchas veces liberándolos también del sufrimiento o enfermedad del pecado (cf. Mt 9,2-8. Jn 5,1-14). La salud en Cristo es definitiva porque se opera por la expiación de aquello que está en el origen del sufrimiento, la expiación que se transforma en bendición perenne.Por eso, con una expresión feliz, Juan Pablo II afirma que la solicitud por los enfermos «es parte integrante de la misión de la Iglesia» (Dolentium hominum 1). La invocación mariana ‘Salud de los Enfermos’ también es colocada en esta línea en la cual Jesús se colocó, a quien la tradición llama ‘médico de las almas y de los cuerpos’.En este designio de Dios Padre, testimoniado por Cristo en la salvación y en la salud, no nos es difícil insertar a María en este contexto. En primer lugar porque María es la raíz de la obra de la salud universal. Esto es, María en el misterio de la salvación es la Nueva Eva y la Madre del Salvador. A este propósito, Ireneo de Lyon (m. 130) testifica que María es causa salutis y Mater salutis.Recordamos que en arameo ‘atî’ significa vivificar y sanar y que este verbo fue traducido por salvación y salud [salus]! En este sentido, decir ‘a tu fe te ha salvado’ (Mc 5,34. 10,52. Lc 7,50. 17,19) significa al mismo tiempo ‘tu fe te ha curado porque Dios cura la totalidad del hombre’. La misma observación encontramos en los Padres de la Iglesia que entienden la salvación en sentido integral, lo que incluye la salud.La invocación «María, Salud de los Enfermos» (Salus infirmorum) está entre las más antiguas y difundidas en la Iglesia. Los miles de santuarios marianos esparcidos por toda la tierra son un testimonio conmovedor y secular de la fe de los cristianos en la mediación e intercesión de María para con su hijo divino. Algunos escritores espirituales de la tradición medieval, como San Bernardo, designaron poéticamente la intercesión de María como «omnipotencia suplicante», queriendo expresar la singular eficacia creacional de su oración, sin que el Magisterio haya incorporado este término como definición teológica.En el sentido en que Pablo VI, en su famoso discurso pronunciado en el santuario mariano de Bonaria en 1971, dijo que «no se puede ser cristiano sin ser mariano». La cura pedida a Dios por intercesión de María es al mismo tiempo cura física, psíquica y espiritual. Un conocido autor, hablando de las multitudes que frecuentan el santuario de Lourdes, escribió que en la Gruta de Massabielle el mayor milagro es la serenidad que los enfermos conservan incluso cuando no obtienen la cura implorada.María es ‘salud para los enfermos’ porque es madre y hermana de los que sufren para expiar y reparar su propio sufrimiento. Ella es la madre del ‘dolor que salva’. La interpretación mariológica de esta relación entre salud y salvación debe superar una posición que recorrió la historia de la tradición eclesial latina, que es la comprensión de la salvación en sentido espiritual estricto. El perdón de los pecados y la comunión con Dios serían disociados de la salud, permaneciendo extraña a la salvación, pues esta ocurrió ligándose a las dolores de Cristo en la cruz y por lo tanto en el opuesto de la salud.El querer vivir, el respeto por la vida, la voluntad de desear estar en salud es un bien, un valor que constituye una ocasión para encontrar a Dios y alegrarse alabándolo por todos sus beneficios. La salud está ligada a la salvación porque el cristiano tiene la obligación de conservar la vida como un Don de Dios y ponerlo al servicio del Reino. Este imperativo salvífico mira la vida como inclusiva de sanos y enfermos, de fuertes y débiles e incluso, después de Cristo, mirar el sufrimiento y la muerte como lugares de salvación. Existe un Evangelio del sufrimiento, pero también un Evangelio de la vida, porque «no es la abundancia de sufrimiento en la vida lo que nos hace más dignos, sino es el amor en estos estados de vida los que nos llevan a la salvación».Para aprofundar a reflexão sobre o título mariano ‘«Saúde dos Enfermos»’ e a sua espiritualidade, consulte a exortação apostólica Marialis Cultus de Paulo VI, que orienta a devoção mariana autêntica incluindo a intercessão de Maria pelos enfermos.Aprofunde seus estudos: explore Mariologia, Teologia Mariana, Aparições Marianas e a Posgrado en Mariología.

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