¿Todo ser humano tiene un ángel de la guarda? La respuesta de la tradición y de santo Tomás
Todo ser humano tiene un ángel de la guarda, y no solo los bautizados. Esta es la posición de la tradición mayoritaria de los Padres y la de santo Tomás de Aquino, y la razón es precisa: el ángel custodio se da al hombre en cuanto criatura de Dios, no en cuanto miembro de la Iglesia. Hubo, sin embargo, una segunda escuela que restringía la custodia a los fieles, y de ella viene la confusión que todavía hoy se lee por todas partes.
La pregunta no es moderna ni devocional. Anne Bernet, en «Na companhia dos anjos: a verdadeira história dos mensageiros de Deus» (1998), la formula en los términos exactos en que la discutieron los antiguos: «pode não se ser cristão e ter-se um anjo?», se puede no ser cristiano y tener un ángel. Y añade que «esta discussão dividiu durante muito tempo os padres e os doutores, divididos em duas escolas e duas opiniões», esta discusión dividió durante mucho tiempo a los padres y a los doctores, divididos en dos escuelas y dos opiniones.
El versículo que está en el origen de la cuestión
El texto de referencia es Mateo 18,10, cuando Jesús advierte que no se desprecie a ninguno de estos pequeños, «pois vos declaro que os seus anjos nos céus vêem incessantemente a face de meu Pai, que está nos céus». Bernet lo llama «versículo fundamental para a doutrina cristã dos anjos da guarda», versículo fundamental para la doctrina cristiana de los ángeles de la guarda, y observa lo que afirma de una sola vez: el ángel vela sobre la tierra y está a la vez sumergido en la visión beatífica.
El segundo pasaje es Hechos de los Apóstoles 12,14-16, la escena en que la comunidad reunida en casa de María, sin creer que Pedro estuviera a la puerta, responde a la criada que debía de ser su ángel. El argumento es indirecto, pero decisivo desde el punto de vista histórico: muestra que la idea de un ángel propio de cada persona ya era corriente en la primera generación cristiana, antes de cualquier elaboración teológica.
Las dos escuelas: ¿todos los hombres o solo los bautizados?
Bernet presenta así la primera y mayoritaria: «A primeira, que é a de Tertuliano, de Santo Agostinho, de Santo Ambrósio, de São João Crisóstomo, de São João Cassiano, de São Jerónimo e de São Gregório de Nissa, decreta: todas as pessoas têm um anjo.» En traducción literal: la primera, que es la de Tertuliano, san Agustín, san Ambrosio, san Juan Crisóstomo, san Juan Casiano, san Jerónimo y san Gregorio de Nisa, decreta que todas las personas tienen un ángel. La segunda, escribe, es más severa y reúne a Orígenes, san Basilio y san Cirilo de Alejandría, con la fórmula «Cada fiel tem junto de si um anjo como tutor e pastor a fim de o conduzir à Vida.», cada fiel tiene junto a sí un ángel como tutor y pastor a fin de conducirlo a la Vida.
Aquí es obligatorio confrontar las fuentes, porque no coinciden en la distribución de los nombres. Fabián Alejandro Campagne, en el estudio «Bodin y Maldonado: la demonología como fenómeno de masas en la Francia de las Guerras de Religión» (2018), reproduce el repertorio patrístico de Juan Maldonado, que coloca a san Basilio y a san Juan Crisóstomo del lado de la custodia universal, con referencias a las Homilías sobre los salmos 33 y 58, al Libro del Santo Espíritu, capítulo 13, y a las Homilías sobre San Mateo, 60. Y es a Orígenes a quien Maldonado atribuye la hipótesis restrictiva: «Orígenes en las Homilías sobre San Mateo, 5, hace una oscura mención a la opinión de algunos según la cual solo los bautizados reciben ángeles para su custodia». Crisóstomo, añade, parece seguir esa opinión en la Obra imperfecta sobre San Mateo, homilía 40.
El lector atento ve lo ocurrido: un mismo Padre aparece en las dos listas porque escribió en contextos distintos, y la atribución de una obra como la Obra imperfecta sobre San Mateo es ella misma discutida. Esto no se armoniza en silencio. Lo que puede decirse con seguridad es que la opinión restrictiva existió, fue minoritaria y nunca se impuso.
La razón de santo Tomás: el ángel se da a la criatura, no al bautizado
El argumento decisivo no es un recuento de autores, es una razón teológica. La obra colectiva «Anjos e Demónios: O Drama da História entre o Bem e o Mal», de Benito Marconcini, Angelo Amato, Carlo Rocchetta y Moreno Fiori, la formula sin rodeos: «La presenza dell’angelo custode, per altro, non riguarda solo i battezzati e i giusti, secondo la tradizione patristica essa riguarda anche i pagani e i peccatori. Ogni uomo, secondo questa tradizione, ha il suo angelo. Questi è vicino ad ogni creatura non in primo luogo perché è un battezzato, ma perché è una creatura di Dio.» En traducción literal: la presencia del ángel de la guarda no atañe solo a los bautizados y a los justos, según la tradición patrística atañe también a los paganos y a los pecadores. Todo hombre, según esta tradición, tiene su ángel. Este está cerca de cada criatura no en primer lugar porque sea un bautizado, sino porque es una criatura de Dios. Los mismos autores registran que santo Tomás expuso esta convicción remontándose a la divina providencia y a su universalidad.
Charles R. Jaekle, en «Anjos: sua missão e mensagem» (1995), explica por qué la ordenación sistemática de santo Tomás resuelve la cuestión: «Angels are ministers of God’s providence, not God’s redemption, whose minister can be only Jesus Christ. Placement under providence also implies that God’s angels help and assist all human beings, those who have never heard of Jesus Christ, as well as all believers and unbelievers alike.» Es decir: los ángeles son ministros de la providencia de Dios, no de su redención, cuyo ministro solo puede ser Jesucristo, y esa colocación bajo la providencia implica que los ángeles de Dios ayudan y asisten a todos los seres humanos, tanto a los que nunca han oído hablar de Jesucristo como a los creyentes y a los no creyentes. Si el ángel perteneciera al orden de la redención, sería coherente reservarlo a los bautizados. Como pertenece al orden de la providencia, se extiende a todos.
El caso extremo que santo Tomás no retrocedió en afirmar
La prueba de que la doctrina se toma en serio hasta el límite está en un detalle que Bernet registra con humor: «São Tomás de Aquino não hesitará em escrever que o próprio Anticristo terá ele próprio o seu anjo da guarda», santo Tomás de Aquino no vacilará en escribir que el propio Anticristo tendrá también su ángel de la guarda, y la referencia que ella da es la Suma Teológica, I, cuestión 113, artículo 4, ad 3. Si ni siquiera la figura escatológica del adversario queda fuera de la custodia angélica, entonces la custodia no depende de la bondad ni de la fe del custodiado. Depende de quien la instituye.
Por qué el Catecismo habla de «cada fiel»
Mucha de la confusión viene de una formulación famosa. El Catecismo de la Iglesia católica, en el número 336, enseña que «desde a infância até à morte, a vida humana está rodeada da sua proteção e da sua intercessão. Cada fiel tem ao seu lado um anjo como protetor e pastor, para o conduzir à vida», desde la infancia hasta la muerte la vida humana está rodeada de su protección y de su intercesión, y cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida. Es exactamente la fórmula que Bernet atribuye a la segunda escuela, la más restrictiva, y no es accidente: se trata de una frase patrística citada, no de una delimitación del alcance de la custodia. El Catecismo habla a los fieles y dice lo que la custodia es para ellos. No afirma que los demás carezcan de ángel, y la tradición que esos mismos párrafos recogen va en sentido contrario.
Si todos tienen ángel, ¿por qué el mundo sigue así?
Es la objeción que la propia Bernet plantea enseguida: si todo hombre está bajo la guarda de un ángel, «como é que a humanidade continua a pecar? Por que é que os seus anjos da guarda não chamam à razão os assassinos, os tiranos, os carrascos e outros monstros?», cómo es que la humanidad sigue pecando, por qué sus ángeles de la guarda no llaman a la razón a los asesinos, a los tiranos, a los verdugos y a otros monstruos. La respuesta que da es la única compatible con el resto de la doctrina, y es el misterio de la libertad. El ángel guarda, ilumina, rige y gobierna, pero no sustituye la voluntad de aquel a quien guarda.
Michael Patella, en «Anjos e demônios: um guia cristão do mundo espiritual», se niega a fabricar una respuesta más cómoda para los casos en que la desgracia ocurre sin que ningún ángel la impida: «Simply, there is no answer», simplemente, no hay respuesta, y añade que la fe cristiana no promete exención de las leyes del mundo. La honestidad aquí es doctrinalmente más segura que cualquier consuelo improvisado.
Vale además una consecuencia que los mismos autores de «Anjos e Demónios» extraen y que cambia el modo de rezar: «Dio non custodisce una massa amorfa ed indifferenziata bensì un popolo», Dios no custodia una masa amorfa e indiferenciada sino un pueblo, en el cual cada uno es persona irrepetible, y por eso las relaciones de los ángeles con los hombres «non sono uniformi e standardizzati, bensì rigorosamente individuali e singolari», no son uniformes y estandarizadas, sino rigurosamente individuales y singulares.
Para profundizar, véase lo que la Iglesia enseña sobre el ángel de la guarda, el tratado de los ángeles de la Suma Teológica de santo Tomás de Aquino, los números 328 a 336 del Catecismo y, sobre la libertad de las criaturas angélicas, si los ángeles tienen libre albedrío.
Preguntas frecuentes
¿Quien no está bautizado tiene ángel de la guarda?
Sí, según la tradición mayoritaria. La obra «Anjos e Demónios», de Marconcini, Amato, Rocchetta y Fiori, afirma que la presencia del ángel de la guarda atañe también a los paganos y a los pecadores, porque el ángel está junto a cada uno no por ser bautizado, sino por ser criatura de Dios.
¿El ángel de la guarda se da en el bautismo o en el nacimiento?
No lo da el bautismo. Como los ángeles pertenecen, en la sistematización de santo Tomás recogida por Charles R. Jaekle, al orden de la providencia y no al de la redención, la custodia acompaña al hombre en cuanto criatura, no en cuanto miembro de la Iglesia.
¿Un ateo o un pecador tiene ángel de la guarda?
Lo tiene. La tradición patrística extiende expresamente la custodia a los pecadores, y santo Tomás de Aquino llegó a escribir, en la Suma Teológica I, cuestión 113, artículo 4, que el propio Anticristo tendría su ángel de la guarda.
¿Entonces por qué el Catecismo dice cada fiel?
Porque el número 336 recoge una fórmula patrística dirigida a los fieles, aquella que Anne Bernet identifica con la escuela más restrictiva. Dice lo que la custodia es para el creyente, no que los demás estén privados de ella.
Si todos tienen un ángel, ¿por qué no impide el mal?
Porque el ángel no sustituye la libertad humana. Michael Patella añade que, en los casos de desgracia sin socorro visible, la respuesta honesta es que no hay respuesta, y que la fe cristiana no promete exención de las leyes del mundo.
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Este artículo nace de las obras de la biblioteca de Locus Mariologicus. La angelología es una de las asignaturas del Posgrado en Mariología, dentro de un plan de 360 horas que va de la Escritura a los Padres de la Iglesia y al Magisterio.
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